Como dicen los cuentos utópicos de la niñez, hubo una vez un líder social que se preocupó por acabar con una dictadura en una de las Repúblicas Centroamericanas que menos libertades tuvo durante muchos años. Aquí una breve historia de la nación que parece que no evolucionó.
Sucede que hay que recordar que, para hablar de Nicaragua, es importante remontarse a los eventos históricos que fungen como preludio a la situación político-social actual, para ello se debe recordar que fueron los Estados Unidos quienes impulsaron al General Anastasio Somoza para tomar el lugar del derrocado César Augusto Sandino, quien, por cierto, había luchado a favor de la independencia de su país y se oponía fervientemente a la invasión extranjera.
El apoyo del gobierno estadounidense al nuevo presidente provocó el inicio de una dictadura que duraría más de 40 años, situación que logró que la familia Somoza se convirtiera en una de las más ricas del mundo. Como en otras dictaduras latinoamericanas, los que se oponían al régimen fueron perseguidos, asesinados y desaparecidos.
Fue hasta la década de los años sesenta, con los movimientos de izquierda en la región, que surgió el Frente de Liberación Nacional de Nicaragua, antecedente del hoy conocido como Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN). Este movimiento estaba basado en las ideas marxistas-leninistas y del General Sandino, que buscaba oponerse al régimen somocista. La importancia de este grupo fue tal, que el gobierno tuvo que empezar a realizar algunos movimientos en favor de la democracia, donde la participación de líderes de opinión y sociales, así como de la iglesia católica, fue fundamental.
Sin embargo, el hecho que marcó la salida del país del dictador Anastasio Somoza Debayle fue el asesinato de uno de los principales opositores, Joaquín Chamorro; el FSLN no cedió a las negociaciones propuestas por la Organización de Estados Americanos (OEA) y los Estados Unidos y presionó hasta que logró deponer al dictador. Fue entonces que, con el establecimiento del Gobierno de Reconstrucción Nacional, donde Daniel Ortega era el coordinador general, se terminó oficialmente la dictadura.
Siendo presidente Ortega, en su primer periodo de gobierno, se implementaron algunas políticas públicas de carácter marxista-leninista, se nacionalizaron algunos bienes y se terminó la libertad de mercado siguiendo los sistemas económicos de otras naciones continentales y europeas que se denominaban a sí mismos como socialistas. No obstante, el gobierno de Ortega se sumó a los países no alineados que, en el periodo de la guerra fría, fue un punto medular para ganarse la animadversión de los Estados Unidos.
Sin embargo, a pesar de los intentos golpistas auspiciados por EUA, el gobierno de Daniel Ortega se mantuvo oficialmente desde 1984 hasta 1990 cuando fue sustituido por su antigua compañera de lucha en la Junta Provisional de Gobierno impuesta luego del derrocamiento de Somoza, Violeta Barrios de Chamorro, evento que terminó con el período de la revolución sandinista.
A pesar de que Ortega perdió las elecciones en 1990, no se limitó a participar nuevamente como candidato a la presidencia de la República, sin embargo, luego de perder los comicios electorales de 1996 y 2001, el impulso del socialismo del siglo XXI le ayudó a ser electo en 2006. De inmediato se notaron los efectos de la nueva política de gobierno del ex líder revolucionario y presidente de la nación con acciones tales como el establecimiento de la gratuidad en los sectores de la salud y la educación. La vida política de Nicaragua parecía ir bien.
El manejo del gobierno de Ortega le llevó a competir por sexta ocasión por la presidencia en 2011, resultando ganador a pesar de los cuestionamientos por parte de sus opositores, sin embargo, tanto la OEA como la Unión Europea y la Suprema Corte avalaron el proceso. Luego, en 2017, Daniel Ortega volvió a reelegirse como presidente de la nación gracias al impulso que el FSLN le otorgó al enviarlo como candidato por séptima ocasión seguida, sin embargo, las dudas sobre la legitimidad de las elecciones se volvieron a hacer evidentes debido a que, para ese entonces, el gobierno tenía el control mayoritario de medios de comunicación, quienes obstruían las acusaciones de compra de votos y fraude electoral.
Es de resaltar que, en esa última época, el gobierno centró sus intereses en el fortalecimiento de las reservas internacionales y las finanzas públicas gracias a las ayudas económicas recibidas de organismos internacionales, así como a las ayudas petroleras enviadas por el gobierno venezolano de Nicolás Maduro. De hecho, el gobierno de Ortega buscó promover al país como un destino de inversión a través de políticas neoliberales, situación completamente diferente a lo intentado en su primer mandato de gobierno treinta años atrás.
Los problemas serios para el gobierno del otrora líder revolucionario iniciaron cuando se promovió una ley que incrementaba los impuestos a la seguridad social y a las pensiones de los retirados, ya que las personas involucradas salieron a la calle a manifestarse encontrando una represión policial sin precedentes, sobretodo, en este nuevo siglo. Esta situación logró que grupos de jóvenes salieran a pedir justicia por las manifestaciones reprimidas aprovechando para exigir una serie de mejoras en la vida de los nicaragüenses, tales como los temas relacionados a los derechos de los más necesitados y vulnerables. La respuesta del gobierno fue lapidaria: el dictador reprimió las manifestaciones y se asesinaron a 328 personas en lugar de entablar un diálogo pacífico con los manifestantes.
La avalancha de reprimendas hacia la sociedad por parte del gobierno acabó por arrastrar a comunicadores no oficialistas que terminaron exiliándose, entre ellos Sergio Ramírez. En este orden de ideas, se puede decir que la libertad de prensa fue la más violentada, ya que los que no se fueron al exilio, terminaron en cárceles acusados de terrorismo y asesinato.
Los acontecimientos desatados en contra de las libertades fundamentales del pueblo nicaragüense, aunado a las malas condiciones económicas del país que han acarreado a miles de ciudadanos al autoexilio legal e ilegalmente, trajeron consecuencias económicas para algunos miembros del régimen que impactaron en las relaciones diplomáticas con naciones como Canadá.
Finalmente, en Nicaragua, el año pasado, Daniel Ortega cumplió nuevamente como presidente luego de volver a ganar las elecciones del 2021, logrando un total de 23 años en el poder.
Sin embargo, luego de contar esta breve historia, pareciera que Daniel Ortega se ha convertido en todo aquello que juró destruir pues, además de perpetuarse en el poder, ha tenido la gravísima idea de despojar de la nacionalidad nicaragüense a algunos destacados intelectuales, comunicadores y líderes sociales a quienes el dictador les arrebató lo único que un ciudadano no puede perder en su vida: la pertenencia, la nacionalidad, el origen.
Entre los despojados de su nacionalidad se encuentra el escritor Sergio Ramírez quien fuera, entre otras cosas, compañero del ahora dictador en la revolución sandinista, además de su vicepresidente en los años ochenta pero que, al ver el regreso de la dictadura a su nación, se ha vuelto un férreo crítico del gobierno de Ortega. Y, mientras el dictador hace de las suyas, el escritor le contesta y se gana el clamor de los que le hemos leído alguna vez:
“Nicaragua es lo que soy y todo lo que tengo, nunca voy a dejar de ser, ni dejar de tener, mi memoria y mis recuerdos, mi lengua y mi escritura, mi lucha por su libertad por la que he empeñado mi palabra. Mientras más Nicaragua me quitan, más Nicaragua tengo”.
FERNANDO ABREGO CAMARILLO es Doctor en Ciencias Administrativas por el IPN. Profesor de telesecundaria en los SEIEM además de investigador y catedrático de tiempo completo en la academia de Bloques Regionales de la Escuela Superior de Comercio y Administración Unidad Santo Tomás en el IPN. Sígalo en @fabrecam