Macrina Vallejo Bello llegó al Congreso de Morelos después de obtener 13 mil 528 votos, el 25.05% del total en el Distrito local V con cabecera en Temixco. Fue la segunda legisladora de mayoría con menor proporción de votos en su demarcación, pero prácticamente duplicó los sufragios obtenidos por sus dos rivales más cercanos.
Postulada por la coalición formada por Morena, Nueva Alianza y Encuentro Social, la diputada nacida en la comunidad de Cuentepec hace 43 años, es la única legisladora cuya adscripción indígena no ha sido cuestionada, pero su triunfo en las urnas pareció siempre más producto del partido y el esfuerzo personal en la campaña que de las acciones afirmativas que el Impepac emprendió para garantizar la representación de minorías en el Legislativo.
Como parte del grupo parlamentario de Morena en el Congreso, el año y meses de gestión legislativa de Macrina Vallejo han sido de vaivenes políticos por la crisis que padece el partido que no decide si respaldar a la administración de Cuauhtémoc Blanco o a la sociedad que tanto ha criticado al mandatario. Así que la diputada lo mismo ha aparecido en fotografías con el mandatario que con los diputados del frente opositor en Morelos.
Bastante injusto resultaría suponer que la diputada ha tenido un desempeño menor que el resto de los legisladores en su función, en todo caso, Macrina Vallejo parece más discreta y lo evidencia cierta incomodidad de aparecer frente a las cámaras. En términos generales, el actuar de cada uno de los diputados es difícilmente disociable del que tiene el Congreso como un colectivo.
Cuando vino la crisis mayor de Morena, después de su proceso de elección interna, los diputados Paola Cruz Torres, Alejandro Martínez Bermúdez y la propia Macrina, dieron la bienvenida a su grupo al ex priista Alberto Sánchez Ortega, quien fue el cuarto voto que necesitaban para quitar de la coordinación parlamentaria al recién estrenado Arturo Pérez y designar a Macrina Vallejo, con lo que resolverían por lo menos de momento la crisis legislativa que había paralizado al Congreso durante meses.
La llegada de Macrina Vallejo a la coordinación parlamentaria del grupo de Morena, le dio también la titularidad de la Junta Política y de Gobierno y con ello la posibilidad de tejer acuerdos con la oposición y lograr un bloque de, entonces, 14 diputados, suficientes para impulsar proyectos alternativos al del gobierno estatal que encabeza Cuauhtémoc Blanco. Los legisladores de Morena afines al gobernador y a su hermano, Ulises Bravo, el nuevo hombre fuerte del partido en el estado, promovieron diversos recursos contra la legisladora, incluyendo el que Ariadna Barrera llevó hasta la dirigencia nacional del partido solicitando la expulsión de la diputada, con lo que quedaría imposibilitada para coordinar la fracción y tampoco tendría la Junta Política. Así de relevante es la posición que ocupa Macrina Vallejo.
Con el asesinato de la legisladora Gabriela Marín, cuyo móvil habría sido político según las indagatorias de la Fiscalía, y otros crímenes con ese elemento que aún permanecen bajo investigación, como los perpetrados en Xoxocotla, el temor de que alguien atente contra la vida de los políticos morelenses ha dejado de ser visto como una exageración. En la política local, hay un antes y un después marcado por el feminicidio en cuestión, aunque las autoridades de seguridad parecen no estar dispuestas a discutirlo abiertamente.
Así que la solicitud de la diputada Macrina, presidenta de la Junta Política y de Gobierno del Congreso local pide a la Comisión Estatal de Seguridad Pública elementos para su resguardo, se inscribe en ese nuevo ambiente para practicar la política en el estado. La diputada teme por su seguridad y hay múltiples elementos para considerar que su inquietud es fundada, tanto por el contexto actual como por las amenazas que sufrió en campaña y de las que dieron cuenta diversos medios de comunicación entonces.
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