La semana pasada hablamos sobre las similitudes en la estrategia en contra del crimen y la violencia entre el régimen de Andrés Manuel López Obrador y el del ex presidente Felipe Calderón, y es que sin profundizar demasiado, la militarización de la seguridad pública no puede ser una opción en un contexto como el de México, las cifras no mienten, mucho menos la de las más de 100 mil personas que han desaparecido precisamente bajo la lógica de estrategias fallidas durante los últimos 15 años.
Después de militarizar a la guardia nacional adjudicándosela a la Secretaría de la Defensa Nacional, el golpe que siguió (ya sabemos que pactado con el PRI a cambio impunidad para Alejandro Moreno, su dirigente) fue el de proponer mantener hasta el 2028 las calles de México militarizadas (como si esa fuera una estrategia probada con eficacia). Como era de esperarse, la reforma se consumó, porque Morena y sus aliados lograron la mayoría (a cambio, insisto, de inmunidad para el dirigente del tricolor). Todo se planchó para darle al presidente el regalo prometido. Como dice la canción: más poder al poder; bueno, todo se planchó en la Cámara de Diputados, porque una vez turnada a la de Senadores la historia fue otra.
Y es que miren, no todo está perdido en el sistema político mexicano y es en casos como este cuando lo vemos con mayor claridad; el sistema de frenos y contrapesos que se genera en un entorno bicameral funciona precisamente para estos casos en los que las intentonas regimenistas con mayorías no por consenso, sino por conveniencia, hacen de las suyas a favor de la preservación de su poder y no por el bienestar de la ciudadanía. Es así, que la cámara de origen (la que ve nacer la iniciativa de reforma) no define todo, pues hay una cámara revisora (en este caso el Senado) que tiene la posibilidad de identificar las deficiencias de la propuesta, en este sentido, las intenciones maliciosas de la mayoría construida para darle al habitante del palacio nacional la ofrenda correspondiente.
Como les decía, en el Senado, la resistencia de la oposición fue contundente, incluso de algunos y algunas Senadoras Priístas, y no hablamos de cualquiera, sino de referentes del priísmo que decidieron dar su voto por la paz y por alternativas mucho más eficaces que la guerra: Beatriz Paredes, Miguel Ángel Osorio Chong y Claudia Ruiz Massieu son algunos de los nombres que pese a pertenecer al partido que cedió en la Cámara de Diputados, votaron en congruencia con la estadística de eficacia de la militarización. La oposición tiene en el Senado una fuerza que corre desde Movimiento Ciudadano hasta el grupo plural compuesto por una serie de legisladores que no tiene partido y que también dieron la batalla, un bloque de contención que hizo posible frenar la prórroga de la militarización de las calles, incluso pese al “fichaje” de último momento del coordinador de los senadores de Morena, Ricardo Monreal, que sumó a sus filas al antes panista Raúl Paz, al que claramente le pidieron como cuota de inscripción a la bancada morenista el voto a favor de la militarización, no obstante, y para beneplácito de las verdaderas mayorías (la ciudadanía) ni así les alcanzaron los votos.
El llamado de la oposición encabezado por Dante Delgado de Movimiento Ciudadano, el propio Emilio Álvarez Icaza del grupo plural y Beatriz Paredes del PRI es claro: se tiene que revisar de manera integral y profunda la estrategia de seguridad y plantear en conjunto con el gobierno federal soluciones más eficaces al mal de violencia que tiene sumido a nuestro país en el dolor y el miedo. Lo que exige la oposición es lo moralmente correcto, no podemos cerrar los ojos ante el inminente fracaso de algo que ya ha fracasado antes. La presencia militar en las tareas de seguridad ya no es una opción y el régimen y sus aliados lo saben, aún así insisten porque sí es opción para concentrar el poder en manos de una sola persona.
La reforma constitucional que buscaba prolongar esta estrategia por cuando menos 6 años más regresó a comisiones, fue para lo único que le alcanzó a Morena, para “ganar tiempo” y seguir buscando la compra de voluntades y lograr, eventualmente, dar el golpe en contra de la nación; porque es un hecho que se están utilizando a las instituciones para ejercer presión a legisladoras y legisladores, partidos políticos y dirigencias: la moral no es algo que distinga al régimen, y la vulneración recurrente de la autonomía de las Cámaras por parte del poder ejecutivo lo confirma.
Lo que queda ahora son dos cosas fundamentales: primero, que el bloque opositor se sostenga con firmeza, habrá que seguirles muy de cerca la pista, vale la pena fiscalizar desde la ciudadanía que nadie baje la guardia frente los embates del poder; y en segunda instancia, pero aún más importante, plantear un modelo integral que supla a la fallida estrategia y que pueda lograr los consensos, al menos los de la oposición en ambas cámaras, para que la seguridad vuelva a las calles y las armas se queden en los cuarteles. Ni abrazos, ni balazos, lo que urge son actores y actoras políticos que se pongan a hacer su chamba para lograr la paz que tanto necesita México. El plazo de la militarización vence hasta marzo del año 2024, hay tiempo y si sobran voluntades, se puede generar un proyecto competitivo que de ser así, rechazarlo confirmaría quiénes están a favor de México y quiénes no. ¡Que nunca le alcancen los votos ni a Morena ni a nadie si es para hacer la guerra!
PD: Mientras tanto, en Morelos, la ola de violencia no cesa ¿alguien ha visto al gobernador? 14 grupos criminales coexisten en el territorio ¿Y el comisionado? ¡Ven cómo urge una estrategia!